En Tierra Santa
© 1999 por Charles Stanley
8 DE ABRIL
La Gran Decisión
LECTURA BÍBLICA: Romanos 6:1-14
VERSÍCULO CLAVE: Romanos 6:11
Así también ustedes, considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Durante todo el día, había gritado órdenes a su destacamento de soldados. Si había un trabajo inferior a este, no podía nombrarlo. Nadie se ofreció como voluntario para este puesto; estaban condenados a él. Una lluvia fría bañó el rostro del centurión mientras una intensa tormenta azotaba Jerusalén. La tierra temblaba con cada rayo. Allí, en medio del viento y la lluvia, se encontró cara a cara con la cruz de Jesucristo.
Antes había presenciado las burlas de la multitud y el odio que brotaba de sus bocas. Y aunque no lo demostraba, su corazón lamentaba la pérdida de la familia del crucificado. Cuán indefensos y vulnerables parecían. Entonces, con un fuerte clamor, suplicando a Dios que perdonara a quienes le habían hecho daño, Jesús murió.
El centurión sabía lo que era la ira. La había visto a menudo entre sus compañeros soldados. También conocía el desprecio de la traición y lo que se sentía al ser rechazado. Pero no vio nada de eso en el rostro de Cristo. Solo había amor y perdón.
Mirando hacia la cruz, el centurión proclamó en voz alta: «¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios!» (Mateo 27:54 NVI). Entendiera o no todo lo sucedido, reconoció la identidad del Hombre en la cruz.
La decisión más importante que tomarás en tu vida tiene que ver con la cruz de Cristo, donde el Hijo de Dios se entregó por ti. Reconócelo y recibe la vida eterna.
Amado Señor, reconozco la cruz y lo que hiciste por mí allí. Diste tu vida por mí. Gracias por tu amor.
© 1999 por Charles Stanley
8 DE ABRIL
La Gran Decisión
LECTURA BÍBLICA: Romanos 6:1-14
VERSÍCULO CLAVE: Romanos 6:11
Así también ustedes, considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Durante todo el día, había gritado órdenes a su destacamento de soldados. Si había un trabajo inferior a este, no podía nombrarlo. Nadie se ofreció como voluntario para este puesto; estaban condenados a él. Una lluvia fría bañó el rostro del centurión mientras una intensa tormenta azotaba Jerusalén. La tierra temblaba con cada rayo. Allí, en medio del viento y la lluvia, se encontró cara a cara con la cruz de Jesucristo.
Antes había presenciado las burlas de la multitud y el odio que brotaba de sus bocas. Y aunque no lo demostraba, su corazón lamentaba la pérdida de la familia del crucificado. Cuán indefensos y vulnerables parecían. Entonces, con un fuerte clamor, suplicando a Dios que perdonara a quienes le habían hecho daño, Jesús murió.
El centurión sabía lo que era la ira. La había visto a menudo entre sus compañeros soldados. También conocía el desprecio de la traición y lo que se sentía al ser rechazado. Pero no vio nada de eso en el rostro de Cristo. Solo había amor y perdón.
Mirando hacia la cruz, el centurión proclamó en voz alta: «¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios!» (Mateo 27:54 NVI). Entendiera o no todo lo sucedido, reconoció la identidad del Hombre en la cruz.
La decisión más importante que tomarás en tu vida tiene que ver con la cruz de Cristo, donde el Hijo de Dios se entregó por ti. Reconócelo y recibe la vida eterna.
Amado Señor, reconozco la cruz y lo que hiciste por mí allí. Diste tu vida por mí. Gracias por tu amor.
En Tierra Santa
© 1999 por Charles Stanley
8 DE ABRIL
La Gran Decisión
LECTURA BÍBLICA: Romanos 6:1-14
VERSÍCULO CLAVE: Romanos 6:11
Así también ustedes, considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Durante todo el día, había gritado órdenes a su destacamento de soldados. Si había un trabajo inferior a este, no podía nombrarlo. Nadie se ofreció como voluntario para este puesto; estaban condenados a él. Una lluvia fría bañó el rostro del centurión mientras una intensa tormenta azotaba Jerusalén. La tierra temblaba con cada rayo. Allí, en medio del viento y la lluvia, se encontró cara a cara con la cruz de Jesucristo.
Antes había presenciado las burlas de la multitud y el odio que brotaba de sus bocas. Y aunque no lo demostraba, su corazón lamentaba la pérdida de la familia del crucificado. Cuán indefensos y vulnerables parecían. Entonces, con un fuerte clamor, suplicando a Dios que perdonara a quienes le habían hecho daño, Jesús murió.
El centurión sabía lo que era la ira. La había visto a menudo entre sus compañeros soldados. También conocía el desprecio de la traición y lo que se sentía al ser rechazado. Pero no vio nada de eso en el rostro de Cristo. Solo había amor y perdón.
Mirando hacia la cruz, el centurión proclamó en voz alta: «¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios!» (Mateo 27:54 NVI). Entendiera o no todo lo sucedido, reconoció la identidad del Hombre en la cruz.
La decisión más importante que tomarás en tu vida tiene que ver con la cruz de Cristo, donde el Hijo de Dios se entregó por ti. Reconócelo y recibe la vida eterna.
Amado Señor, reconozco la cruz y lo que hiciste por mí allí. Diste tu vida por mí. Gracias por tu amor.