En Tierra Santa
© 1999 por Charles Stanley

21 DE ABRIL

La Victoria Definitiva

LECTURA BÍBLICA: Colosenses 2:13-15
VERSÍCULO CLAVE: Romanos 8:11

Si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en ustedes, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también vivificará sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu que mora en ustedes.

La cruz de Jesucristo satisfizo la santa justicia de Dios al pagar el precio del pecado —la muerte— y también fue el campo de batalla cósmico donde Cristo obtuvo la victoria definitiva.

El comentarista escocés del siglo XIX, John Eadie, escribió: «Nuestra redención es una obra a la vez de precio y de poder: de expiación y de conquista. En la cruz se realizó la compra, y en la cruz se obtuvo la victoria. Allí se derramó la sangre que borra la sentencia contra nosotros, y allí se soportó la muerte, que fue el golpe mortal del reino de Satanás».

El teólogo F. F. Bruce añadió: «Mientras estaba suspendido allí, atado de pies y manos al madero en aparente debilidad, creyeron tenerlo a su merced y se abalanzaron sobre él con intenciones hostiles... Pero él luchó contra ellos y los dominó».

La vida cristiana es victoriosa. Triunfamos sobre el poder de la muerte, el pecado, la ley, el infierno y Satanás porque el Conquistador, Jesucristo, los derrotó y humilló a todos. Jesús venció en el Calvario. En el preciso momento en que pareció perder ante la crueldad y el prejuicio de los hombres, venció a todos sus enemigos.

Maestro, gracias por la victoria sobre la muerte, el pecado, la ley, el infierno y Satanás. Jesús los derrotó y humilló a todos. Él obtuvo la victoria por mí en el Calvario. ¡Te alabo!
En Tierra Santa © 1999 por Charles Stanley 21 DE ABRIL La Victoria Definitiva LECTURA BÍBLICA: Colosenses 2:13-15 VERSÍCULO CLAVE: Romanos 8:11 Si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en ustedes, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también vivificará sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu que mora en ustedes. La cruz de Jesucristo satisfizo la santa justicia de Dios al pagar el precio del pecado —la muerte— y también fue el campo de batalla cósmico donde Cristo obtuvo la victoria definitiva. El comentarista escocés del siglo XIX, John Eadie, escribió: «Nuestra redención es una obra a la vez de precio y de poder: de expiación y de conquista. En la cruz se realizó la compra, y en la cruz se obtuvo la victoria. Allí se derramó la sangre que borra la sentencia contra nosotros, y allí se soportó la muerte, que fue el golpe mortal del reino de Satanás». El teólogo F. F. Bruce añadió: «Mientras estaba suspendido allí, atado de pies y manos al madero en aparente debilidad, creyeron tenerlo a su merced y se abalanzaron sobre él con intenciones hostiles... Pero él luchó contra ellos y los dominó». La vida cristiana es victoriosa. Triunfamos sobre el poder de la muerte, el pecado, la ley, el infierno y Satanás porque el Conquistador, Jesucristo, los derrotó y humilló a todos. Jesús venció en el Calvario. En el preciso momento en que pareció perder ante la crueldad y el prejuicio de los hombres, venció a todos sus enemigos. Maestro, gracias por la victoria sobre la muerte, el pecado, la ley, el infierno y Satanás. Jesús los derrotó y humilló a todos. Él obtuvo la victoria por mí en el Calvario. ¡Te alabo!
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