Gracia para el Momento
© 2001 by Max Lucado
ABRIL 24
La Confesión Genera Paz
Bienaventurado aquél cuya trasgresión ha sido perdonada.
SALMO 32.1
Si ya somos perdonados, ¿por qué Jesús nos enseña a orar «perdona nuestras deudas»?
Por la misma razón que desearías que tus hijos hicieran lo mismo. Si mis hijos violan una de mis normas o desobedecen una regla, yo no los repudio. Ni los echo de la casa ni les digo que se cambien el apellido. Pero espero que sean sinceros y se disculpen. Y hasta que lo hagan, la ternura de nuestras relaciones sufrirá. La naturaleza de nuestras relaciones no será alterada, pero sí su intimidad.
Lo mismo sucede en nuestro caminar con Dios. La confesión no establece relaciones con Dios, sencillamente las nutre. Si eres creyente, el que reconozcas tu pecado no altera tu posición ante Dios, sino que realza tu paz con Dios.
La Gran Casa de Dios
© 2001 by Max Lucado
ABRIL 24
La Confesión Genera Paz
Bienaventurado aquél cuya trasgresión ha sido perdonada.
SALMO 32.1
Si ya somos perdonados, ¿por qué Jesús nos enseña a orar «perdona nuestras deudas»?
Por la misma razón que desearías que tus hijos hicieran lo mismo. Si mis hijos violan una de mis normas o desobedecen una regla, yo no los repudio. Ni los echo de la casa ni les digo que se cambien el apellido. Pero espero que sean sinceros y se disculpen. Y hasta que lo hagan, la ternura de nuestras relaciones sufrirá. La naturaleza de nuestras relaciones no será alterada, pero sí su intimidad.
Lo mismo sucede en nuestro caminar con Dios. La confesión no establece relaciones con Dios, sencillamente las nutre. Si eres creyente, el que reconozcas tu pecado no altera tu posición ante Dios, sino que realza tu paz con Dios.
La Gran Casa de Dios
Gracia para el Momento
© 2001 by Max Lucado
ABRIL 24
La Confesión Genera Paz
Bienaventurado aquél cuya trasgresión ha sido perdonada.
SALMO 32.1
Si ya somos perdonados, ¿por qué Jesús nos enseña a orar «perdona nuestras deudas»?
Por la misma razón que desearías que tus hijos hicieran lo mismo. Si mis hijos violan una de mis normas o desobedecen una regla, yo no los repudio. Ni los echo de la casa ni les digo que se cambien el apellido. Pero espero que sean sinceros y se disculpen. Y hasta que lo hagan, la ternura de nuestras relaciones sufrirá. La naturaleza de nuestras relaciones no será alterada, pero sí su intimidad.
Lo mismo sucede en nuestro caminar con Dios. La confesión no establece relaciones con Dios, sencillamente las nutre. Si eres creyente, el que reconozcas tu pecado no altera tu posición ante Dios, sino que realza tu paz con Dios.
La Gran Casa de Dios
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