En Tierra Santa
© 1999 por Charles Stanley
25 DE ABRIL
La eternidad está garantizada
LECTURA BÍBLICA: 1 Corintios 15
VERSÍCULO CLAVE: 1 Corintios 15:26
El último enemigo que será destruido es la muerte.
Es un frío día de invierno. El toldo de lona bajo el que estás sentado ondea con fuerza. La gente detrás de ti llora en silencio. Los que están reunidos a los lados tienen los ojos enrojecidos y se ven sombríos.
Frente a ti, un predicador está de pie junto al ataúd de tu ser querido, aquel con quien comiste, reíste, paseaste y conversaste durante todos estos años.
Pasan largos minutos. Se acabó. Tus amigos te abrazan; el predicador te consuela; y regresas a tu auto para el solitario viaje a casa.
En este contexto de sombría e innegable realidad residen la profunda y majestuosa esperanza, el consuelo y la seguridad de la fe cristiana, plasmados para siempre en la joya bíblica de Juan 11:25 (NVI): «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá».
La muerte no es el acto final. No es la despedida definitiva. Porque Jesús enfrentó la muerte y salió victorioso, quienes creemos en él también viviremos, aunque muramos. Gracias a la resurrección de Cristo, nuestra eternidad está garantizada. Nuestra fe es válida; nuestra esperanza es segura; nuestras expectativas se cumplen. Cristo, el Destructor de la muerte, ha ganado la batalla definitiva e invita a todos los que creen en él a experimentar el delicioso fruto de su victoria: la vida eterna.
Querido Dios, te alabo porque mi eternidad está garantizada. Mi camino espiritual no terminará con la muerte. Continuará por la eternidad.
© 1999 por Charles Stanley
25 DE ABRIL
La eternidad está garantizada
LECTURA BÍBLICA: 1 Corintios 15
VERSÍCULO CLAVE: 1 Corintios 15:26
El último enemigo que será destruido es la muerte.
Es un frío día de invierno. El toldo de lona bajo el que estás sentado ondea con fuerza. La gente detrás de ti llora en silencio. Los que están reunidos a los lados tienen los ojos enrojecidos y se ven sombríos.
Frente a ti, un predicador está de pie junto al ataúd de tu ser querido, aquel con quien comiste, reíste, paseaste y conversaste durante todos estos años.
Pasan largos minutos. Se acabó. Tus amigos te abrazan; el predicador te consuela; y regresas a tu auto para el solitario viaje a casa.
En este contexto de sombría e innegable realidad residen la profunda y majestuosa esperanza, el consuelo y la seguridad de la fe cristiana, plasmados para siempre en la joya bíblica de Juan 11:25 (NVI): «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá».
La muerte no es el acto final. No es la despedida definitiva. Porque Jesús enfrentó la muerte y salió victorioso, quienes creemos en él también viviremos, aunque muramos. Gracias a la resurrección de Cristo, nuestra eternidad está garantizada. Nuestra fe es válida; nuestra esperanza es segura; nuestras expectativas se cumplen. Cristo, el Destructor de la muerte, ha ganado la batalla definitiva e invita a todos los que creen en él a experimentar el delicioso fruto de su victoria: la vida eterna.
Querido Dios, te alabo porque mi eternidad está garantizada. Mi camino espiritual no terminará con la muerte. Continuará por la eternidad.
En Tierra Santa
© 1999 por Charles Stanley
25 DE ABRIL
La eternidad está garantizada
LECTURA BÍBLICA: 1 Corintios 15
VERSÍCULO CLAVE: 1 Corintios 15:26
El último enemigo que será destruido es la muerte.
Es un frío día de invierno. El toldo de lona bajo el que estás sentado ondea con fuerza. La gente detrás de ti llora en silencio. Los que están reunidos a los lados tienen los ojos enrojecidos y se ven sombríos.
Frente a ti, un predicador está de pie junto al ataúd de tu ser querido, aquel con quien comiste, reíste, paseaste y conversaste durante todos estos años.
Pasan largos minutos. Se acabó. Tus amigos te abrazan; el predicador te consuela; y regresas a tu auto para el solitario viaje a casa.
En este contexto de sombría e innegable realidad residen la profunda y majestuosa esperanza, el consuelo y la seguridad de la fe cristiana, plasmados para siempre en la joya bíblica de Juan 11:25 (NVI): «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá».
La muerte no es el acto final. No es la despedida definitiva. Porque Jesús enfrentó la muerte y salió victorioso, quienes creemos en él también viviremos, aunque muramos. Gracias a la resurrección de Cristo, nuestra eternidad está garantizada. Nuestra fe es válida; nuestra esperanza es segura; nuestras expectativas se cumplen. Cristo, el Destructor de la muerte, ha ganado la batalla definitiva e invita a todos los que creen en él a experimentar el delicioso fruto de su victoria: la vida eterna.
Querido Dios, te alabo porque mi eternidad está garantizada. Mi camino espiritual no terminará con la muerte. Continuará por la eternidad.
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